Hostels: nuevas tendencias en albergues

No eran los hostels algo así como precarios refugios en los que guardarse del frío, el sol o la lluvia, compartiendo baño, para poder continuar al día siguiente el sufrido camino? Pues ya no, porque este mundo posmoderno de síntesis y mezcla está dispuesto a acabar con cualquier certeza, prejuicio y toda lógica. Y los hostels, los albergues de toda la vida, como tantas otras cosas, ay, ya no son lo que eran. Ahora son mejores.

Las nuevas tendencias en este campo mantienen las ventajas del hostel tradicional, pero mejoran los puntos flacos. Ahora se ofrecen diferentes comodidades antes impensables y se cuida la arquitectura, hasta llegar al punto en el que las palabras “hostels de lujo” hayan dejado de ser una contradicción que nada tiene que envidiar a los hoteles de lujo de Madrid.

“Los últimos estudios han revelado, por una parte, un movimiento hacia los hoteles de cinco estrellas, pero, por otra, una atracción creciente hacia los hostels de diseño básico pero exclusivo”, explican desde el estudio arquitectónico alemán LAVA, responsable del celebrado Berchtesgaden Youth Hostel. Arquitectos como los de LAVA, habituados a grandes proyectos como complejos educativos en Doha o torres biónicas en Abu Dabi, también se ocupan del pariente pobre del alojamiento, el hostel, y son con frecuencia reseñados en prestigiosas revistas de arquitectura, como también es el caso del español Carlos Ballesteros por el albergue del Embalse de Alcántara, o el decorador Philippe Maidenberg y la decoradora gráfica Daniela Millas por su trabajo en el Oops! Hostel parisiense. Y, sin ir más lejos, el 29 de septiembre abrió un nuevo hostel en Madrid, muy bien ubicado en la calle de Sagasta, 22, el primer albergue de la firma U Hostels, con proyecto del arquitecto Gonzalo Urquijo. Álvaro Hinojosa, de 34 años, es su promotor (con el Circus Hostel de Berlín como una de las referencias tras dar la vuelta al mundo durante un año y alojarse en más de 50 hostels, 20 de ellos solo en Australia; según Hinojosa, Alemania es el lugar donde están los mejores).

4.200 ‘hostels’ en 80 países forman la Hostelling International (www.hihostels.com)

Cuestan aproximadamente entre 10 y 60 euros por persona y noche, dependiendo de la estación, de si se comparte habitación con otros viajeros, se duerme en literas o se contrata habitación privada.

Los arquitectos alemanes de LAVA pretenden desarrollar “una nueva identidad” para la arquitectura de los hostels. Y además de la arquitectura, los albergues (ya casi da cosa llamarlos así) miman la atención a los huéspedes incluyendo instalaciones como piscinas, jacuzzi o terrazas con vistas espectaculares. Incluso crean un ambiente cool propicio para la gente más enterada. No en vano la banda islandesa Sigur Rós organiza algunos de sus eventos en el Kex Hostel de Reikiavik, diseñado en parte por el director de arte cinematográfico Halfdan Pedersen. El mochilero se pone en la onda del moderneo haciéndose hipster.

Pero hagamos una vuelta al origen (back to basics): los albergues, los hostels, no existieron siempre. Se los inventó el maestro de escuela alemán Richard Schirrmann, quien solía salir de excursión con sus pupilos y tuvo la idea de crear alojamientos baratos para que los más jóvenes pudieran viajar con facilidades. Abrió el primero en 1912, en un castillo reconstruido en Altena (Alemania); más tarde fundó la Asociación Alemana de Albergues para Jóvenes, que se hizo internacional (hoy día es la Hostelling International, que conecta unos 4.200 hostels en 80 países), y fue el núcleo a partir del cual el movimiento alberguista se difundió por la faz de la Tierra. En España opera la Red Española de Albergues Juveniles (REAJ), que aglutina a más de 250 albergues y recibe a más de un millón de viajeros al año.

Un hostel, pues, además de un sitio para alojarse, es un punto de encuentro, un sitio para compartir (a veces incluso el retrete) e intercambiar experiencias cosmopolitas. A veces los viajeros unen sus caminos y continúan el viaje juntos. En los hostels han nacido fuertes amistades y tormentosos amores, por eso es importante que los hostels tengan buenas zonas comunes, salas de estar, cocinas comunitarias y demás. Muchos de estos albergues ofrecen desayuno, wifi, juegos y actividades, desde clases de baile hasta conciertos.

“Hoy día puede decirse que hay un hostel para cada tipo de viajero”, dice Juan Pérez, de la agencia Hostelbookers, dedicada a este tipo de alojamientos. “El objetivo es satisfacer las necesidades y expectativas de familias, mochileros, parejas, grupos de amigos… independientemente de la edad o el género”.

Fuente: El Viajero de El País

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